42. Aneto – Huesca

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Coronar el Aneto es una ascensión de las más conocidas y populares. Para unos “trepacerros” como nosotros, es una empresa de cierta envergadura y que precisa de un poco de preparación física y material adecuado (crampones y piolets), incluso en verano. Pero, quizás para nosotros, lo más importante haya sido la mentalización. Habíamos leído muchas crónicas de la subida, habíamos visto muchos vídeos de la ruta…y nos surgía la duda de si podríamos realizarla, sobre todo a mí….¡no se me quitó la cara de susto hasta que no estuvimos de vuelta en el coche!. Lo que nos esperaba era algo más de 1500 metros de desnivel positivo, algo más de 1700 metros de desnivel negativo, un terreno con grandes bloques de piedra por los que hay que trepar, un glaciar de cerca de 2 kilómetros sin nada de nieve, cerca de 17 kilómetros en contínua subida…y el “paso de Mahoma”, la antecima del Aneto, un paso aéreo de unos 30 metros. Así que no se me quitó la “tensión” en las casi 12 horas que duró la aventura.

El resumen de la subida, en datos, es el siguiente:

Altura mínima: 1898 metros

Altura máxima: 3403 metros

Altura media: 2603 metros

Desnivel positivo: 1509 metros

Desnivel negativo: 1748 metros

Pendiente máxima positiva: 54.9%

Pendiente máxima negativa: 51.0%

Pendiente media positiva: 20.6%

Pendiente media negativa: 18.7%

Total kilómetros: 16.9 km

Tiempo total: 11 horas y 10 minutos (Ida y vuelta)

Realización: 7 y 8 de agosto de 2012

Decidimos pasar la noche en el refugio de la Renclusa para evitar la aglomeración de los primeros autobuses que suben hasta la Besurta. Así que cogimos el coche hasta Benasque, y desde aquí dirección al Hospital de Benasque. Antes de llegar al Hospital, dejamos el coche en una explanada que sirve de aparacamiento y desde donde sale los autobuses que nos llevan a la Besurta. Comimos algo y nos preparamos, y sobre las 16’00 horas cogimos el autobús. En unos 15 o 20 minutos llegamos a nuestro destino. Mucha gente, un merendero, un kiosco de bebidas….así que salimos rápido para el refugio.

El sendero es bastante visible, el chorreo de personas no para. En 10 minutos llegamos a un cartel indicativo: hacia la izquierda el plan de Aigualluts (por ahí regresaremos), y hacia la derecha el refugio de la Renclusa (este será nuestro camino).

 

En 30 minutos más llegamos a la Renclusa por un sendero bastante evidente y unas pendientes sin dificultad, aunque en varios tramos se pone bastante empinada.

Nos acomodamos en el refugio, y pasamos la tarde intentando vislumbrar la subida hasta el Portillón superior, conociendo a otros montañeros (muchos franceses) y charlando con los que bajaban de hacer la ruta. ¡Quién lo iba a decir, mañana intentaremos subir al Aneto! Nerviosos…muy nerviosos, pero ilusionados.

 

A las 5’00 horas en planta, a las 5’30 ya estoy preparado….nervioso…quiero salir ya…a las 5’45, ¡empezamos!. Con las mochilas preparadas y los frontales colocados, salimos detrás de una pareja de franceses que conocimos en la cena. Detrás de nosotros, otros grupos…parecemos una serpiente luminosa. Empezamos a ascender…ascender… y subir….subir. El camino está marcado con hitos entre los muchos peñascos del camino, aunque con frecuencia se improvisa, según las ganas que pongan los que van tirando del pelotón.

 

Los franceses ponen un paso bastante fuerte y todos los demás vamos ascendiendo de tras de ellos. Unos cuantos se paran a descansar, otros ponen su propia marcha, pero todos seguimos camino del Portillón suoerior (2908 metros). La subida se hace bastante dura, no sólo por el desnivel en pocos metros, sino por el terreno completamente caótico: bloques de piedra por los que vas trepando de uno en uno en un continuo “sube-baja” que hacen que las piernas se empiecen a resentir.

Los franceses se desvían a la izquierda para subir al Portillón Inferior (2745 metros) y desde aquí, cresteando, llegar al superior (quizás sea una buena opción para evitar todo ese caos de rocas). Nosotros decidimos seguir directamente hacia el Portillón superior. Va amaneciendo y nuestros cuerpos ya van empapados en sudor. El esfuerzo hasta aquí ha sido considerable. Cada vez que puedo voy descansando y cogiendo aire, mientras Carlos va haciendo el “cabra”.

 

Vamos detrás de un grupo que va a nuestro ritmo. Decido seguirles. ¡¡¡Error!!! De frente ya vemos el glaciar de la Madaleta y en esa dirección vamos. Después de un buen rato por este terreno “rompepiernas” empiezo a dudar de que los que van por delante sepan la ruta, pero se les ve seguros y seguimos otro buen rato detrás de ellos. ¡Pero si estamos llegando al Glaciar de la Madaleta! El grupo empieza a disgregarse y cada uno toma una dirección. Decididos a tomar las riendas, sacamos los gps, giramos 90 grados a la izquierda y subimos una pared bastante vertical. Una vez arriba, nos damos cuenta que nos hemos desviado y que hemos dejado atrás el desvío al Portillón superior. Ya por la cresta de los Portillones, descendemos y desandamos, buscando el paso que ya intuimos a lo lejos.

Por fin, a eso de las 9’00 horas, con más de media hora de retraso,  llegamos al Portillón, estrecho paso, que viene a determinar el punto, más o menos, intermedio de la ascensión.Aquí tomamos un pequeño refrigerio antes de bajar el portillo.

Y aunque llegamos cansados y maldiciendo el esfuerzo extra que hemos tenido que hacer por la equivocación, quedamos asombrados de las vistas: el paisaje es inmenso, vemos nuestro objetivo, el Aneto, …y el glaciar del mismo nombre ¡Estar aquí ya merece la pena! Pero la mente da un giro y te dice “¡¡¡lo que nos queda todavía!!!”. Descansamos un poco, reponemos fuerza…y a seguir nuestra ruta.

Desde este angosto paso, la ruta es del todo evidente, tras descender unos metros debemos alcanzar el glaciar del Aneto, por un terreno poco definido entre rocas, por una zona de caos. Aquí el sendero es el que marca uno mismo. Las paradas empiezan a ser más seguidas, empiezo a estar fatigado: por el camino recorrido, por la altura o por la tensión de la cercanía del glaciar…. O por todo a la vez. Incluso me estoy quedando sin agua ¡No he bebido tanto en mi vida!. Después de una hora de saltos por las rocas llegamos a los pies del glaciar.

Aquí una buena parada para colocarnos los crampones.

El otoño y el invierno pocos lluviosos que hemos tenido, junto con las altas temperaturas de este verano han hecho que se derrita toda la nieve de las capas superiores del glaciar, así que se nos mostraba en forma de hielo, muy duro, sin poder clavar firmemente los piolets. En estas estábamos cuando Carlos grita: ¡¡¡roca!!!…una buena piedra venía deslizándose por la pendiente abajo a bastante velocidad y muy cerca de nosotros. El grupo de  montañeros que estaba a nuestra derecha tuvo que salir corriendo porque la piedra “aparcó” allí mismo. ¡¡¡Joder, entre las deslizantes rocas y las posibles grietas de glaciar, la “tensión” no desaparecía de mi cara!!!

También podéis ver el vídeo directamente en Youtube, AQUÍ

Iniciamos nuestra andadura por el glaciar, siempre en diagonal y siempre para arriba….y siempre con cuidado de clavar bien los crampones. Veíamos debajo de nuestros pies el agua correr; las altas temperaturas hacen que el glaciar vaya desapareciendo. En la bajada aprovecharemos y llenaremos las botellas de agua.

 

Llegamos al collado de Coronas (3198 metros) y desde aquí en fuerte pendiente hasta Punta Olivera (3298 metros).

Nos quitamos los crampones y otro fuerte repecho hasta la antecima o “Paso de Mahoma”.

Aquí recuperamos el aliento, vemos donde estamos, de donde venimos…y la maravillosa vista que tenemos a nuestro alrededor. Y ahora, para llegar a la cumbre, ….el Paso de Mahoma: paso estrecho, de grandes rocas, de unos 30 metros de longitud, con precipicios a ambos lados de varios cientos de metros…¡Coño…que impresiona!, pero con cuidado, con mucho cuidado, se pasa. Hay que esperar un poco, hay gente que baja. Unos pasan como cabras, otros encordados, con cascos, otros con culo en tierra, etc…cada uno como puede.

Soltamos las mochilas y nos decidimos a pasar. Alexis, un francés, nos ofrece una cuerda. Preferimos pasar por nuestros propios medios, pies y manos. Eso de encordarse no lo vemos muy claro. Entonces decide venir tras de nosotros. Carlos, abriendo camino; yo, detrás culeteando; y Alexis, el último, haciendo exactamente lo mismo que nosotros. Incluso nos permitimos sacar la cámara de fotos y entretenernos en el paso, ante la atenta mirada de Alexis que nos decía muy serio: “No creo que sea éste el mejor momento de hacer fotos”.

 

Por fin llegamos, a la gran cruz y al vértice geodésico, casi 6 horas de ruta, con gran satisfacción. Aquí arriba había un grupo de jóvenes que venían acompañados de un guía,Álvaro, que resultó ser de Tomares y del….¡Betis!. Nos hicimos las fotos de rigor….

Para ver el vídeo directamente desde Youtube, AQUÍ 

 

                      

….y vuelta al paso de Mahoma.

 

 

  

En la antecima descansamos un ratito, donde comimos y repusimos fuerzas. Para bajar, le preguntamos al de Tomares, ya que no nos hacía ninguna gracia volver por el mismo camino caótico de piedras y rocas. Nos aconsejó bajar hacia el plan d’Aigualluts y eso hicimos. Algo más largo, pero más llevadero.

         

Bajada por el glaciar en dirección al ibón del Salterillo y desde aquí a Aigualluts.

 

         

 

  

 

  

 

Aquí nos encontramos a muchas familias que suben a pasar el día en esta zona, tomando el sol, bañándose en el rio Ésera y contemplando la impresionante cascada. A las 16’35 horas estábamos de vuelta en la Besurta para coger el autobús que nos llevase al coche. Una cocacola fría y, por fin, la cara de susto desapareció.

El mapa de la ruta en GoogleEarth es el siguiente:

Para bajarse el track desde Wikiloc AQUÍ

Más información sobre el vértice geodésico del Aneto AQUÍ

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